Tasa de la discordia, artículo de Gustavo Volmar

Cuando el crecimiento del PIB fue añadido como uno de los objetivos que los bancos centrales deben promover, algunos economistas vaticinaron que esa adición podría crear conflictos en las decisiones de política monetaria. Acusados de ser recalcitrantes monetaristas, ellos indicaron que combinar ese objetivo con la meta tradicional de mantener la estabilidad de precios, podía en ciertas circunstancias obligar a escoger entre ambos, teniendo que sacrificar uno para conseguir el otro.

Su vaticinio ha demostrado ser correcto en varias ocasiones, la más reciente en Turquía. Este mes el gobernador del banco central fue removido de su cargo por el presidente, precisamente por haberle dado preferencia a la estabilidad y no al crecimiento. La economía turca se contrajo en el segundo trimestre de este año, pero con una inflación que en octubre del año pasado llegó al 25% anual, y que es superior al 15% en la actualidad, el banco central había rehusado bajar del 24% su tasa de interés de referencia, a pesar de todas las presiones que el presidente le había aplicado. Ante la negativa del gobernador a disminuir la tasa, el presidente lo destituyó por decreto.

En los EE.UU. también el presidente Trump ha expresado su descontento con las actuaciones de la Fed, el banco central estadounidense, exactamente por la misma razón que el presidente turco. La fortaleza institucional en los EE.UU., sin embargo, es mayor que la de las instituciones de Turquía, y aunque se ha llegado a hablar de reemplazo, el presidente de la Fed sigue en su cargo, mientras Trump espera que el banco baje la tasa antes de finales de año.


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