Las remesas enviadas por dominicanos residentes en el exterior continúan consolidándose como un pilar clave de la economía del país, no solo como fuente de divisas, sino como un mecanismo de inversión, desarrollo social y conexión cultural con la diáspora.
Las perspectivas para 2026 no cambian esa realidad. De hecho, de acuerdo con los agentes de remesas y de cambio, la diáspora dominicana mantiene una presencia sólida en mercados laborales estables como Estados Unidos y España, lo que asegura la continuidad del flujo de envíos incluso en escenarios de desaceleración económica.
A esto se suma la creciente digitalización del sector, que está impulsando servicios más rápidos, seguros y accesibles, así como una mayor trazabilidad de las operaciones.
Ante esa realidad, los expertos del sector proyectan que el futuro inmediato presenta oportunidades claras para los intermediarios. Desde el uso creciente de canales digitales, la expansión hacia zonas con baja bancarización, el desarrollo de productos complementarios como billeteras electrónicas, microseguros e instrumentos de ahorro, hasta una mayor demanda de servicios formales y transparentes.
Estas tendencias abren espacio para que los agentes de remesas consoliden su papel en la inclusión financiera y fortalezcan el sistema de pagos nacional.
Sustento del presente y futuro de las remesas
Estas perspectivas se desarrollan en un contexto en el que las remesas continúan consolidándose como uno de los motores económicos más estables y resilientes del país.
Según proyecciones del Banco Central de la República Dominicana (BCRD), para finales de 2025 el país habría recibido más de 11,700 millones de dólares en remesas, cifra equivalente al 9% del PIB y que representa una proporción superior al 25% de las fuentes de ahorro externo. Este flujo no solo constituye un soporte fundamental para la balanza de pagos, sino que también sustenta el consumo de alrededor del 40% de los hogares dominicanos, que reciben en conjunto cerca de 1.5 millones de transacciones mensuales.
No obstante, consideraciones de expertos anticipan una moderación. Manuel Orozco, especialista en migración y remesas, estima que el crecimiento podría pasar del 11% registrado en períodos recientes a alrededor de un 5%, influido por factores como la desaceleración de la economía estadounidense, la reducción de los flujos migratorios netos, el aumento de deportaciones y la aplicación del impuesto del 1% a las remesas.
A lo anterior se suman desafíos operativos y regulatorios para los agentes de remesas y de cambio, quienes plantean armonizar criterios de supervisión, fortalecer estándares contra el lavado de activos, reducir costos operativos y lograr una integración efectiva de nuevas tecnologías, de acuerdo con la presidenta de Asociacion Dominicana de Intermediarios Cambiarios (Adocambio), Clarisa Martínez.
En la actualidad, más del 80% de estas transferencias se origina en los Estados Unidos, donde el salario promedio semanal de los migrantes alcanzó 938 dólares en el tercer trimestre de 2025, el nivel más alto en casi dos décadas, de acuerdo con la publicacion Las remesas a América Latina y el Caribe en 2025: adaptaciones en un contexto de incertidumbre, elaborada por Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Este incremento ha impulsado el valor promedio por transacción, que pasó de 215 a 261 dólares durante la última década, y que hoy se sitúa cerca de los 300 dólares enviados unas 16 veces al año, estima el informe Family Remittances: Trends in 2025 in the Dominican Republic and the Latin American region.
La digitalización también ha transformado este mercado. Alrededor del 60% de los envíos se origina en línea, aunque menos del 25% se deposita directamente en cuentas bancarias o billeteras digitales, lo que evidencia un amplio margen para mejorar la inclusión financiera, acorde a estadisticas del BCRD.
Históricamente, el flujo de remesas hacia el país ha mostrado un comportamiento estable y de largo plazo. Desde la década de 1980, y tras las principales olas migratorias entre 1960 y el 2000, los envíos han mantenido un crecimiento sostenido, independiente de variaciones coyunturales en los flujos migratorios.
Este comportamiento se explica, como señalan desde el BID, por la naturaleza del compromiso transnacional. Aunque la migración pueda fluctuar por factores económicos o políticos, los migrantes establecidos mantienen los envíos que sostienen a sus hogares en República Dominicana.
Esa resiliencia quedó demostrada durante episodios críticos como la crisis financiera de 2008 o la pandemia de COVID-19, cuando los migrantes recurrieron al uso de ahorros y al aumento de horas trabajadas para no interrumpir sus envíos, señalan desde el BID. Las cifras dan muestra de esa realidad.
Solo entre 2015 y 2024, el monto total recibido en el país se duplicó, pasando de 4,960.8 millones a 10,756.0 millones de dólares, de acuerdo con datos del BCRD.
Entre enero y octubre de 2025, las remesas sumaban 9,878,4 millones de dólares, evidenciando su relevancia como fuente de divisas. Esta adaptabilidad, sumada a una diáspora en expansión que asciende a más de 2.87 millones de dominicanos (2024), según el Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior (INDEX), sostiene el fortalecimiento estructural del sistema de transferencias.
La distribución de remesas en República Dominicana se ha transformado con la ampliación de canales y la digitalización de pagos. Las remesadoras especializadas incrementaron su participación de 73.3% en 2013 a 76.9% en 2023, mientras que las instituciones financieras tradicionales redujeron su cuota a 23.1%, según indican las estadísticas del BCRD.
Respaldo de las remesas
Los efectos de estos ingresos sobre la calidad de vida también son profundos. Para el BID, más del 90% de los hogares receptores en República Dominicana no se considera pobre, pero depende de las remesas para evitar caer en la pobreza y mejorar su estabilidad económica. El especialista en migración y remesas Manuel Orozco explica que estos flujos no solo oxigenan la economía familiar a través del consumo, sino que además permiten crear activos mediante inversión en educación, vivienda y emprendimientos. En zonas rurales, aunque menos del 15% de los pagos se realiza allí, el impacto es más significativo por el menor acceso a ingresos estables.
En los últimos años también ha emergido un nuevo tipo de transferencia. Jacqueline Mora, economista y viceministra de Turismo, los denomina “remesa de bolsillo”, recursos entregados directamente por dominicanos no residentes durante sus visitas al país, con impacto inmediato en economías locales. A esto se suma la contribución de nuevas generaciones de descendientes que hoy invierten en negocios, operan restaurantes y hoteles o aportan capital humano y habilidades adquiridas en el exterior. El turismo de salud es un ejemplo adicional. Unos 100,000 dominicanos residentes fuera del país viajan cada año para procedimientos médicos, y entre el 20% y 25% realiza inversiones directas durante sus estancias, agregó Mora.
Retos o resolución
Los desafíos del sector remesador están marcados por la pérdida y ganancia relativa del poder adquisitivo en la región. Mientras en América Latina y el Caribe la combinación entre depreciación cambiaria (4.0%) e inflación (3.2%) generó un aumento neto de 0.8% en el poder de compra de las remesas, cuando vemos de manera específica la región del Caribe, el efecto fue inverso: la depreciación de 2.1% no compensó el alza de precios de 7.2%, lo que provocó una reducción de 5.1% en términos reales, señala la publicación del BID. Pese a ello, la expansión de los flujos (9.2%) superó ampliamente el crecimiento del PIB per cápita (2.0%), permitiendo que los hogares receptores mejoraran sus ingresos en un 7.2% frente a aquellos que no reciben remesas.
Respecto al impuesto del 1% que entrará en vigor en Estados Unidos en enero de 2026, el BID anticipa que su impacto será limitado. Las familias tendrían incentivos a mantener, o incluso aumentar, los montos enviados para compensar el costo adicional. Sin embargo, se prevé un riesgo de desvío hacia canales informales, lo que reduciría la captación oficial sin afectar necesariamente el flujo total.
De cara a 2026, el sector enfrentará un crecimiento más moderado, presionado por la desaceleración de la economía estadounidense, la reducción de flujos migratorios, las deportaciones y la entrada en vigencia del nuevo impuesto. Para mantener estabilidad y eficiencia, será clave profundizar los servicios de valor agregado, especialmente la capacidad de realizar depósitos y fortalecer las redes rurales, áreas donde el impacto de las remesas es determinante.
Aun así, el rol económico y social de las remesas permanece firme. Más de cuatro millones de personas en siete países analizados por el BID lograron superar la pobreza extrema o relativa gracias a estos flujos, y en República Dominicana siguen siendo un pilar fundamental de bienestar, movilidad social y dinamización económica. En la medida en que nuevas generaciones participen con mayor inversión y conexión cultural, y que el sistema avance hacia una mayor digitalización y formalización, las remesas continuarán trascendiendo su rol tradicional para consolidarse como un motor integral de desarrollo y cohesión económica para el país y la región.