¿De verdad conoces a la persona a la que le vas a prestar tu cuenta?
Manuel llevaba casi un año jugando en la misma liga de básquetbol del barrio, todos los martes a las siete de la noche. Ahí conoció a Elvin, un tipo que siempre llegaba temprano a calentar, que hacía chistes en la “pintura” (espacio debajo de la canasta) y que, con el tiempo, se ganó ese tipo de confianza que se construye a fuerza de repetición: verse cada semana, celebrar los mismos puntos y quejarse del mismo árbitro. Manuel no sabía dónde vivía Elvin, ni a qué se dedicaba en realidad, ni su nombre completo. Sabía que jugaba de escolta y que tenía buen tiro de tres.
Una noche, después del juego, Elvin le pidió un favor: necesitaba recibir un pago por una venta que había hecho, pero su cuenta estaba «con un problema» en el banco. ¿Podía recibirlo en su cuenta y luego entregárselo en efectivo? Le ofreció mil pesos por la molestia. Manuel, sin pensarlo mucho, dijo que sí. Al día siguiente entraron ochenta mil pesos a su cuenta. Los retiró, le entregó su parte a Elvin y se olvidó del asunto.
Tres semanas después, su banco le congeló la cuenta. El dinero provenía de la venta de un teléfono robado, ofrecido mediante una publicación fraudulenta a una persona que terminó denunciando el fraude. Manuel nunca vio el teléfono, nunca conoció al comprador y, hasta ese momento, ni siquiera sabía que existían las «cuentas mula». Pasó meses explicando a su banco y a las autoridades que no sabía nada. Nadie lo condenó, pero tampoco nadie le devolvió el tiempo ni la tranquilidad. Además, quedó vinculado a una investigación por lavado de activo
Lo que parece un favor
Una cuenta mula es una cuenta bancaria que delincuentes utilizan para mover dinero de origen ilícito sin levantar sospechas. Para que una cuenta sea utilizada de esta manera, su titular no necesariamente tiene que conocer el origen del dinero: basta con que permita que terceros la utilicen para recibir, retirar o transferir fondos.
Y ahí está el problema. Muchas personas pueden terminar envueltas en estos esquemas pensando que simplemente están haciendo un favor o ganando una comisión por una operación aparentemente sencilla.
Los fondos que pasan por una cuenta mula pueden provenir de distintos delitos y fraudes, como estafas, phishing, suplantación de identidad o esquemas de “dinero fácil” disfrazados de oportunidades de trabajo. La cuenta prestada se convierte en un eslabón que permite mover esos fondos hacia otros destinos y dificultar su rastreo.
Así reclutan a las cuentas mula
Rara vez el reclutamiento ocurre entre desconocidos totales. Ocurre en espacios donde ya existe algo de confianza: un grupo de WhatsApp del trabajo, una liga deportiva, una app de citas, un anuncio de trabajo que promete pagos semanales por “ver videos” o «recibir y transferir». Se ha identificado que el factor común no es la sofisticación técnica del engaño, sino la cercanía social que baja la guardia. Tratar a alguien con frecuencia no significa conocerlo realmente. Y ese matiz es precisamente el que explotan quienes reclutan cuentas mula.
Qué dice la ley
En la República Dominicana, mover fondos a sabiendas de que provienen de un delito puede constituir lavado de activos bajo la Ley núm. 155-17 sobre Lavado de Activos y el Financiamiento del Terrorismo. Esta ley sanciona la conversión, transferencia u ocultación de bienes de origen ilícito, pero también a quien los adquiere, posee, administra o utiliza, a sabiendas de que proceden de una infracción precedente, como el robo o la estafa.
Las penas contempladas para estas conductas van de diez a veinte años de prisión mayor, multas equivalentes a entre 200 y 400 salarios mínimos, el decomiso de los bienes ilícitos y distintas inhabilitaciones, según el caso.
No se debe prestar una cuenta bancaria para recibir, retirar o transferir dinero de terceros, incluso cuando se conozca a la persona que lo solicita. Una cuenta bancaria es personal y permitir que otra persona la utilice puede exponer a su titular a una investigación y a consecuencias legales.
«Yo no sabía» no detiene una investigación
Decir “yo no sabía” no necesariamente evita que una operación sea revisada. Las entidades financieras deben monitorear las transacciones de sus clientes y, cuando una operación resulte sospechosa, reportarla a la Unidad de Análisis Financiero (UAF). La ley también contempla que, cuando sea necesario, se examine el origen y el destino de los fondos.
Si una cuenta aparece vinculada a fondos provenientes de un fraude, la operación y las personas relacionadas pueden quedar bajo revisión o investigación.
Por eso, haber prestado la cuenta pensando que se trataba de un simple favor no evita las consecuencias ni las gestiones necesarias para aclarar lo ocurrido.
Señales de que te están pidiendo ser una cuenta mula
Hay patrones que se repiten con la constancia suficiente para servir de alerta:
- Alguien te ofrece dinero a cambio de recibir una transferencia y reenviarla o retirarla en efectivo.
- La razón que te dan para no usar su propia cuenta es vaga, urgente o «temporal».
- Te prometen pagos recurrentes por permitir movimientos en tu cuenta, sin que exista una relación laboral o comercial formal detrás.
- La persona que te lo pide es alguien que ves con frecuencia pero conoces poco: un compañero de liga, un contacto de una app, alguien de un grupo grande de redes sociales. Hacer un cuadro
Qué hacer
No prestes tu cuenta, tu tarjeta ni tus credenciales bancarias a nadie, incluso si conoces a la persona que te lo pide. Una cuenta bancaria es personal y permitir que otra persona la utilice puede exponerte a riesgos financieros y legales.
Fuentes consultadas: Ley núm. 155-17 sobre Lavado de Activos y el Financiamiento del Terrorismo; Ley núm. 74-25, Orgánica que instituye el Código Penal de la República Dominicana; Código Penal de la República Dominicana (versión histórica, Decreto-Ley núm. 2274 de 1884); Superintendencia de Bancos de la República Dominicana; Unidad de Análisis Financiero (UAF).